La fe sigue a lo oído (Rom. 10:17).

Aunque desde los tiempos de Abel ha habido muchos hombres y mujeres de fe, esta cualidad “no es posesión de todos” (2 Tes. 3:2). Siendo así, ¿cómo podemos cultivarla y demostrarla en todo lo que hacemos? En buena medida, estudiando la Palabra de Dios, pues la fe sigue a lo oído. Además, es una faceta del fruto del espíritu (Gál. 5:22, 23). Por eso, para tener fe, necesitamos recibir espíritu santo. Hay quienes piensan que los fieles que menciona la Biblia nacieron ya con una inclinación natural a demostrar fe, pero no es así. En realidad, tenían “sentimientos semejantes a los nuestros” (Sant. 5:17). Como todo el mundo, se enfrentaban a dudas, miedos y debilidades. No obstante, fueron capaces de superar grandes retos y dificultades porque “fueron hechos poderosos” gracias al espíritu de Dios (Heb. 11:34). Repasar sus vidas nos permite ver cómo les ayudó la fuerza activa de Jehová y nos anima a perseverar en estos tiempos en los que nuestra fe sufre constantes ataques. w11 15/12 3:1, 2