Cuando Jehová tu Dios te introduzca en la tierra que a tus antepasados Abrahán, Isaac y Jacob juró darte, ciudades grandes y de buena apariencia que tú no edificaste, y casas llenas de toda suerte de cosas buenas que no llenaste, […] cuídate para que no te olvides de Jehová (Deu. 6:10-12).

No era un aviso sin fundamento. En tiempos de Nehemías, un grupo de levitas recordó con vergüenza lo que habían hecho los israelitas tras la conquista de la Tierra Prometida. Una vez que tuvieron viviendas cómodas y alimento y vino en abundancia, “empezaron a comer y a satisfacerse y a engordar”. De hecho, se rebelaron contra Dios e incluso mataron a los profetas que él les envió para corregirlos. Como consecuencia, Jehová los abandonó en manos de sus enemigos (Neh. 9:25-27; Ose. 13:6-9). Siglos más tarde, bajo el dominio de Roma, los judíos no pusieron fe en el Mesías prometido y llegaron al punto de matarlo. Jehová los rechazó y concedió su favor a una nueva nación: el Israel espiritual (Mat. 21:43; Hech. 7:51, 52; Gál. 6:16). w11 15/11 3:4, 5