Nos hallamos perplejos, pero no absolutamente sin salida (2 Cor. 4:8).

Las tensiones de la vida afectan nuestra salud física. Evidentemente, nuestro organismo se beneficia cuando adoptamos hábitos sanos de alimentación, descanso, ejercicio e higiene. Pero no es menos provechoso afrontar la vida con una actitud positiva basada en las Escrituras. Cuando pasamos por circunstancias estresantes, debemos recordar el ejemplo de Pablo y las animadoras palabras que escribió (2 Cor. 4:9). Asimismo, las dificultades hacen mella en nuestro bienestar espiritual. Y cuando esto sucede, nuestro Padre celestial también puede acudir a rescatarnos. Su Palabra nos da esta garantía: “Jehová está sosteniendo a todos los que van cayendo, y está levantando a todos los que están encorvados” (Sal. 145:14). ¿Qué nos ayudará a combatir la enfermedad espiritual? Acudir a los ancianos de la congregación (Sant. 5:14, 15). Otra cosa que nos sustenta cuando nuestra fe se ve sometida a prueba es no perder nunca de vista la esperanza cristiana de la vida eterna (Juan 17:3). w11 15/10 3:10, 11