Sé animoso y fuerte, y actúa. No tengas miedo ni te aterrorices, porque Jehová Dios, mi Dios, está contigo (1 Cró. 28:20).

El rey David le dijo estas palabras a su hijo Salomón en el siglo XI a.e.c. Salomón siguió el consejo y construyó el magnífico templo de Jehová en Jerusalén. En el siglo X a.e.c., las valientes palabras de una niña israelita resultaron ser una bendición para un hombre que padecía lepra. Esta jovencita había sido secuestrada por una banda armada y ahora era sirvienta de la casa de Naamán, comandante del ejército sirio, que era leproso. Conociendo los milagros que Jehová había realizado mediante Eliseo, le dijo a la esposa de Naamán que si este iba a Israel, el profeta de Dios lo curaría. Naamán hizo caso, fue sanado milagrosamente y llegó a ser siervo de Jehová (2 Rey. 5:1-3, 10-17). Si eres joven y amas a Dios igual que aquella niña, puedes estar seguro de que él te ayudará a predicar sin temor a tus maestros, a tus compañeros de clase y a otros. w12 15/2 2:10, 11

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