El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones mediante el espíritu santo (Rom. 5:5).

“El mayor legado que dejaron los romanos para la posteridad fueron sus leyes y la concepción de que la vida tiene que ajustarse a las leyes.” (David J. Williams, traductor de la Biblia y profesor de la Universidad de Melbourne, Australia.) Sin entrar a discutir esta afirmación, hay un legado mucho más valioso. Se trata de un regalo que nos ha hecho Jehová: el medio para que podamos obtener su aprobación, la salvación y la vida eterna. La forma en que Jehová hizo disponible esta dádiva tiene algunas implicaciones que, en cierto sentido, son de tipo legal. Pablo las explica en el capítulo 5 de Romanos, pero no lo hace con un estilo frío, como en un tratado de derecho. Por el contrario, comienza con unas palabras que nos llenan de emoción: “Ahora que hemos sido declarados justos como resultado de fe, gocemos de paz con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo” (Rom. 5:1). ¿Cómo ven la dádiva divina las personas que la aceptan? Como una muestra del amor de Jehová a la que quieren corresponder. Entre quienes actuaron así figura el propio apóstol Pablo. w11 15/6 2:1, 2

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