Existe un camino que es recto ante el hombre, pero los caminos de la muerte son su fin después (Pro. 14:12).

Confiar en nuestro propio criterio, sobre todo al atravesar situaciones difíciles, representa un peligro para nosotros y para nuestros seres queridos. Un cabeza de familia, por ejemplo, puede verse en serios aprietos para mantener a “los que son suyos” (1 Tim. 5:8). Debido a ello, quizás se sienta tentado a aceptar un trabajo que le impida con frecuencia asistir a las reuniones, dirigir la adoración en familia o participar en el ministerio. Desde su óptica, tal decisión pudiera parecer lo correcto; no obstante, podría acabar en enfermedad o muerte espiritual. Es mejor seguir el consejo de Salomón en Proverbios 3:5, 6, que dice: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. En todos tus caminos tómalo en cuenta, y él mismo hará derechas tus sendas”. w12 15/2 1:14, 15