Más sobresalientemente soy yo [ministro de Cristo]; en labores, más abundantemente; en prisiones, más abundantemente; en golpes, con exceso; a punto de morir, frecuentemente (2 Cor. 11:23).

Para mantenernos alerta, es vital que prediquemos con celo, conscientes de la urgencia de los tiempos. Ante nosotros tenemos el sobresaliente ejemplo de Pablo, quien se entregó por entero a su labor, viajando miles de kilómetros y fundando congregaciones. Y aunque soportó penurias, nunca perdió el entusiasmo por la verdad ni el sentido de la urgencia (2 Cor. 11:24-29). Examinemos la última imagen que da de Pablo el libro de los Hechos en el capítulo 28. El apóstol había llegado a Roma, donde tendría que comparecer ante el emperador Nerón. Se encontraba bajo vigilancia, tal vez encadenado a un guardia. Pero no había grilletes que pudieran callar al dinámico evangelizador, quien siempre se las ingeniaba para dar testimonio. Tres días después mandó llamar a los judíos más importantes a fin de predicarles, y luego fijó una fecha para darles un testimonio más exhaustivo (Hech. 28:17, 23, 24). w12 15/1 2:17, 18