Que mi oración esté preparada como incienso delante de ti (Sal. 141:2).

Dios espera que dejemos a un lado ciertas actividades para estudiar su Palabra, orar y reunirnos con la congregación. También espera que los cabezas del hogar dirijan la adoración en familia con los miembros de su casa (1 Tes. 5:17; Heb. 10:24, 25). Pausemos un momento y reflexionemos: ¿Cómo es mi comunicación con Dios? ¿Es frecuente? ¿Es de calidad? El libro de Revelación muestra que Jehová acepta “las oraciones de los santos” como si fueran incienso, ya que se elevan ante él como un dulce aroma (Rev. 5:8). Recordemos que a los israelitas les exigía que el incienso que quemaban a diario en el altar estuviera cuidadosamente elaborado, siguiendo una fórmula precisa. Si no se ajustaba a sus especificaciones, lo rechazaba (Éxo. 30:34-37; Lev. 10:1, 2). ¿Qué aprendemos? Si queremos que Jehová acepte nuestras oraciones sinceras, tenemos que formularlas como él desea. w12 15/1 4:11, 12

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