Que todos hablen de acuerdo (1 Cor. 1:10).

Los primeros cristianos contribuyeron a la unidad de la congregación “dedicándose a la enseñanza de los apóstoles” (Hech. 2:42). Sin duda, valoraban mucho las directrices y los consejos bíblicos de los ancianos. Hoy día, los superintendentes colaboran estrechamente con el esclavo fiel y discreto. De este modo, la congregación recibe la ayuda y el ánimo que precisa para mantenerse unida. A su vez, todos los cristianos acatan las instrucciones bíblicas de la organización de Jehová y la guía que ofrecen los ancianos y así demuestran que están “esforzándose solícitamente por observar la unidad del espíritu en el vínculo unidor de la paz” (Efe. 4:3). Hagamos todo lo posible por preservar el buen espíritu de la congregación. Entonces podremos aplicarnos estas animadoras palabras: “La bondad inmerecida del Señor Jesucristo esté con el espíritu que ustedes manifiestan” (Fili. 4:23). w12 15/2 3:17, 18

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