Inmediatamente el espíritu lo impelió a irse al desierto (Mar. 1:12).

La Biblia indica que cuando Jesús era hombre, comprobó lo poderosa que podía ser la fuerza activa de Dios en su vida. Siempre aceptó su influencia, de modo que cuando lo impulsaba a hacer algo, lo realizaba de buena gana (Luc. 4:14). ¿Actuamos nosotros igual? El espíritu santo aún opera en las mentes y corazones que se dejan motivar y guiar por él. ¿Qué debemos hacer para que actúe en nosotros y nos conduzca por el buen camino? Pedirle constantemente a Jehová que nos envíe esta fuerza y nos ayude a ceder a su influencia (Efe. 3:14-16). Luego, trabajar en conformidad con nuestras oraciones buscando los consejos que brinda la Biblia, que es obra del espíritu santo (2 Tim. 3:16, 17). Debemos obedecer esas sabias instrucciones y aceptar con gusto la dirección del espíritu. Sí, demostremos siempre que confiamos plenamente en que Jehová puede guiarnos en nuestro caminar por este mundo malo. w11 15/12 2:18, 19

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