Todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que […] tengamos esperanza (Rom. 15:4).

¡Cuánto nos reconforta conocer los propósitos divinos y contar con una esperanza firme para el futuro! Jesús nos dejó un magnífico ejemplo. Él utilizó la Palabra de Dios para instruir y consolar al prójimo. Después de resucitar, se apareció a dos de sus discípulos y les estuvo “abriendo por completo las Escrituras”, llegándoles al corazón con sus explicaciones (Luc. 24:32). El apóstol Pablo supo imitar el excelente ejemplo de Cristo. En numerosas ocasiones “razonó con [sus oyentes] a partir de las Escrituras”. ¿Cómo reaccionaron ellos? Los de Berea “recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo, y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente” (Hech. 17:2, 10, 11). Sin duda, es muy necesario que leamos la Biblia todos los días. Gracias a ella y a las publicaciones cristianas, encontraremos consuelo y esperanza en estos tiempos tan difíciles. w11 15/10 4:13, 14