Quedé asqueado de esta generación y dije: “Siempre se descarrían en su corazón, y ellos mismos no han llegado a conocer mis caminos”. De modo que juré en mi cólera: “No entrarán en mi descanso” (Heb. 3:10, 11).

Actuar en conformidad con el propósito divino era un honor inmenso que les habría reportado grandes beneficios a los israelitas y, con el tiempo, a todas las naciones (Gén. 22:18). Por desgracia, la mayor parte de aquella generación despreció el privilegio de ser el único pueblo gobernado directamente por Dios y un modelo para las demás naciones. ¡Hasta pretendieron regresar a Egipto! (Núm. 14:2-4.) Pero ¿de qué les habría servido volver allí? ¿Acaso les habría ayudado a trabajar mejor a favor del propósito de Jehová? Todo lo contrario. Se habrían convertido de nuevo en esclavos de los paganos y jamás habrían podido obedecer la Ley mosaica ni recibir el perdón de sus pecados. Su obstinación con volver a Egipto demostraba lo ciegos que estaban y lo egoístas que eran (Sal. 95:10, 11). w11 15/7 3:9