Desechen toda suciedad, y esa cosa superflua, la maldad (Sant. 1:21).

Los cristianos debemos seguir la guía del espíritu en todo momento, incluso cuando la gente no nos ve. En la actualidad, el mundo del entretenimiento ha caído muy bajo y difunde por doquier imágenes repugnantes, lo que constituye una seria amenaza contra nuestra espiritualidad. ¿Cómo podemos protegernos contra esta trampa de Satanás? Pensemos en el ejemplo de José. A pesar de hallarse lejos de los suyos, se negó a acostarse con la esposa de Potifar, su amo. Y expresó la razón al decir: “¿Cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?” (Gén. 39:7-9). Efectivamente, veía a Jehová como alguien real. Si Dios es igual de real para nosotros, nos negaremos a hacer en privado cosas que le desagraden, entre ellas, entretenernos con imágenes sucias. Tendremos la misma determinación que el salmista que cantó: “Andaré en la integridad de mi corazón dentro de mi casa. No pondré enfrente de mis ojos ninguna cosa que no sirva para nada” (Sal. 101:2, 3). w11 15/4 4:13, 15

Anuncios