En fe […] todos estos […] declararon públicamente que eran extraños y residentes temporales en la tierra (Heb. 11:13).

Desde tiempos remotos, los siervos de Jehová se distinguen de la sociedad malvada en la que viven. Ya antes del Diluvio, fieles como Enoc y Noé estuvieron “andando con el Dios verdadero” (Gén. 5:22-24; 6:9). Ambos predicaron con valentía el castigo que vendría contra aquel sistema dominado por Satanás (2 Ped. 2:5; Jud. 14, 15). A pesar de estar rodeados de un mundo impío, caminaron con Jehová. Por eso, leemos que Enoc fue “del buen agrado de Dios” y que Noé permaneció “exento de falta entre sus contemporáneos” (Heb. 11:5; Gén. 6:9). Obedeciendo a Dios, Abrahán y Sara sacrificaron las comodidades de la ciudad de Ur de los caldeos para llevar una vida nómada en tierra extranjera (Gén. 11:27, 28; 12:1). Pablo escribió al respecto: “Por fe Abrahán residió como forastero en la tierra de la promesa como en tierra extranjera, y moró en tiendas” (Heb. 11:8, 9). w11 15/11 3:2, 3