Abrahán extendió su residencia como forastero en la tierra de los filisteos muchos días (Gén. 21:34).

Cuando Lot fue capturado por un ejército invasor, Abrahán no dudó ni un segundo en acudir en su auxilio (Gén. 14:14-16). En otra ocasión los filisteos “se habían apoderado con violencia” de un pozo de Beer-seba que habían excavado los servidores del patriarca. Sin duda, él tenía los medios necesarios para defenderse, como había dejado claro al derrotar a los cuatro reyes que capturaron a su sobrino. ¿Cómo reaccionaría ante el robo del pozo? En vez de lanzar una ofensiva para recuperarlo, decidió no tomar medidas por el momento. Lo hizo más tarde, al recibir la visita del rey de los filisteos. Cuando este le pidió que se comprometiera a no atacarlo a él ni a sus descendientes, Abrahán aceptó con un juramento aquel acuerdo de paz, y entonces le mencionó el robo del pozo. El rey le indicó que no sabía que se lo hubieran quitado, y accedió a devolvérselo. Abrahán siguió viviendo en paz en aquella tierra extranjera (Gén. 21:22-31). w11 15/8 3:10, 11