Aunque [Jesús] había ejecutado tantas señales delante de ellos, no ponían fe en él, de modo que se cumplió la palabra de Isaías el profeta (Juan 12:37, 38).

A pesar de las extraordinarias obras realizadas por el Mesías, él no sería aceptado por la mayoría (Isa. 53:1). Estas palabras seguían cumpliéndose años después, pues cuando Pablo predicaba las buenas nuevas, la gente todavía se negaba a creer en Cristo (Rom. 10:16, 17). Las Escrituras profetizaron que el Mesías sería odiado sin motivo (Sal. 69:4). Juan cita este comentario de Jesús: “Ahora han visto y también han odiado tanto a mí como a mi Padre. Pero es para que se cumpla la palabra que está escrita en la Ley de ellos: ‘Me odiaron sin causa’” (Juan 15:24, 25). Los Evangelios confirman que Jesús tuvo muchos enemigos, sobre todo entre los guías religiosos judíos. Él mismo dijo a sus oyentes: “El mundo no tiene razón para odiarlos a ustedes, pero a mí me odia, porque doy testimonio […] de que sus obras son inicuas” (Juan 7:7). w11 15/8 1:16, 17

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