Salvaguarda tu corazón (Pro. 4:23).

No todos los cónyuges, hijos, padres y demás familiares abrazarán la religión verdadera. Puede que nunca se interesen en ella o que continúen rechazándola con firmeza (Mat. 10:35-37). Aun así, lo mejor es seguir tratándolos con un espíritu cristiano. Un hombre que se hizo Testigo después que su mujer asegura: “Cuando manifestamos las cualidades cristianas, no sabemos lo que puede ocurrir en la mente y el corazón del cónyuge no creyente. Nunca hay que darse por vencido”. Ahora bien, aun si el familiar sigue sin abrazar la verdad, es posible ser feliz. Cierta hermana lleva veintiún años intentando sin éxito que su esposo acepte el mensaje del Reino. ¿Cómo se siente? “Estoy concentrada en actividades cristianas como estudiar, ir a las reuniones, predicar y ayudar a mis hermanos en la fe. De ese modo protejo mi corazón y me siento más cerca de Jehová.” w12 15/2 4:15, 16

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