Ustedes mismos llegarán a ser para mí un reino de sacerdotes y una nación santa (Éxo. 19:6).

¿Carecía de fundamento la promesa de Jehová respecto a que los israelitas proporcionarían “un reino de sacerdotes”? En absoluto. Si se esforzaban sinceramente por obedecer, tendrían oportunidad de hacerlo, aunque no bajo la Ley. ¿Por qué no? (Gál. 3:19-25.) Para quienes trataron fielmente de observar la Ley, esta tuvo el efecto de protegerlos de la adoración falsa. Hizo que los judíos se dieran cuenta de sus transgresiones y comprendieran la necesidad de un sacrificio mejor que los que podía ofrecer el sumo sacerdote. Fue un tutor que los conduciría al Cristo, o Mesías, títulos que significan “Ungido”. Sin embargo, cuando el Mesías llegara, los introduciría en el nuevo pacto predicho por Jeremías. Quienes aceptaran al Cristo serían invitados a formar parte del nuevo pacto y realmente se convertirían en “un reino de sacerdotes”. w12 15/1 5:5, 10