[Dios] nos consuela en toda nuestra tribulación para que nosotros podamos consolar a los que se hallan en cualquier clase de tribulación (2 Cor. 1:4).

Las reuniones cristianas, con sus edificantes explicaciones bíblicas, siempre han sido una fuente de consuelo muy importante. Así, leemos que Judas y Silas “animaron a los hermanos con muchos discursos, y los fortalecieron” (Hech. 15:32). Además, tanto antes como después de las reuniones tenemos conversaciones que nos reconfortan. Por eso, si estamos atravesando problemas, no nos alejemos de los hermanos, pues no vamos a mejorar nada haciéndolo (Pro. 18:1). Por el contrario, sigamos esta exhortación inspirada del apóstol Pablo: “Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes, sin abandonar el reunirnos, como algunos tienen por costumbre, sino animándonos unos a otros, y tanto más al contemplar ustedes que el día se acerca” (Heb. 10:24, 25). w11 15/10 4:11, 12

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