El que encubre la transgresión busca amor, y el que sigue hablando de un asunto separa a los que se han familiarizado entre sí (Pro. 17:9).

Si nos enteramos de que un hermano ha cometido un pecado grave, debemos animarle a que se lo confiese a los ancianos (1 Cor. 6:9, 10; Sant. 5:14-16). Pero si no lo hace, tenemos el deber de informárselo nosotros. Sería un grave error quedarnos callados, tal vez creyendo que así mantenemos la paz con el pecador. Si lo hiciéramos, nos convertiríamos en sus cómplices (Lev. 5:1; Pro. 29:24). Afortunadamente, la mayoría de los problemas entre hermanos no tienen que ver con pecados graves ni requieren la formación de un comité judicial. En tales casos, el amor dicta que perdonemos y pasemos la página. Si nos esforzamos por pasar por alto los errores de nuestros hermanos cumpliendo las palabras del texto de hoy, la congregación será un oasis de paz. Y, lo que es más, conservaremos la buena relación con Jehová (Mat. 6:14, 15). w11 15/8 4:15, 17

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