El fruto del espíritu es: amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad, autodominio (Gál. 5:22, 23).

Conviene que nos preguntemos: “¿Muestran mis palabras y acciones que sigo la guía del espíritu santo y produzco su fruto?” (2 Cor. 13:5a; Gál. 5:25). Tal vez veamos que nos hace falta cultivar alguna de sus facetas. ¿Qué haremos en tal caso? Cooperar a mayor grado con el espíritu santo para desarrollarlas. ¿Cómo? Estudiándolas en la Biblia y en nuestras publicaciones, analizando cómo aplicarlas en nuestro diario vivir y esforzándonos por manifestarlas cada vez mejor. Al observar los resultados de la actuación del espíritu santo en nuestro caso y en el de los demás hermanos, comprenderemos claramente por qué es tan necesaria su guía. w11 15/12 2:16, 17