El tener la mente puesta en la carne significa muerte, pero el tener la mente puesta en el espíritu significa vida y paz (Rom. 8:6).

¿Cómo podemos seguir teniendo “la mente puesta en el espíritu”? Acostumbrándonos a reflexionar en las cosas del espíritu y permitiendo que se desarrollen en nosotros inclinaciones y actitudes espirituales. Al hacerlo, nuestra mente estará “sujeta a la ley de Dios” y “en armonía” con su punto de vista (Rom. 8:7, 8). Cuando nos enfrentemos a una tentación tomaremos la decisión correcta, la que esté de acuerdo con el espíritu. Por lo tanto, es fundamental que tengamos la mente puesta en las cosas del espíritu. Lo haremos “fortifi[cando la] mente para actividad”, es decir, edificando nuestra vida alrededor de un programa espiritual que incluya la oración regular, la lectura y el estudio de la Biblia, la asistencia a las reuniones y el ministerio cristiano (1 Ped. 1:13). En vez de permitir que las cosas de la carne nos distraigan, concentrémonos en las cosas del espíritu. Y eso nos traerá bendiciones, pues tener la mente puesta en las cosas del espíritu significa vida y paz (Gál. 6:7, 8). w11 15/11 2:17, 18