¡Vete, Satanás! (Mat. 4:10.)

Cuando Jesús acababa de bautizarse, Satanás lo instigó a actuar de forma egoísta y a no seguir considerando a Jehová la persona más importante de su vida. El Diablo le puso tres tentaciones. Primero, apeló al deseo natural de alimentarse invitándolo a convertir las piedras en panes (Mat. 4:2, 3). Recordemos que Cristo llevaba cuarenta días sin comer, por lo que, lógicamente, tenía mucha hambre. ¿Cómo reaccionó ante esta invitación diabólica a utilizar mal sus poderes milagrosos? A diferencia de Eva, rechazó de inmediato la proposición y se concentró en la Palabra de Jehová (Mat. 4:4). En un último y desesperado intento, Satanás le ofreció al Hijo de Dios todos los reinos de este mundo (Mat. 4:8, 9). Pero él rechazó de plano la oferta, pues sabía que, si la aceptaba, estaría negando la soberanía de Jehová, o sea, su derecho a gobernar como Rey Supremo. Cabe señalar que en las tres tentaciones, Jesús contestó a Satanás con pasajes de las Escrituras donde aparece el nombre divino. w11 15/5 3:9, 11