Ustedes son mis amigos si hacen lo que les mando (Juan 15:14).

Jesús se llevaba bien con las personas en general. Ahora bien, únicamente entablaba una amistad estrecha —como la que tuvo con sus once apóstoles fieles— con quienes cumplían con una condición (Juan 13:27, 30). Solo aceptaba en su círculo íntimo a quienes eran discípulos suyos y siervos de Jehová. Esa es la actitud que debemos adoptar nosotros. Para determinar si alguien merece nuestra amistad, preguntémonos: “¿Demuestra con sus palabras y acciones que obedece los mandatos de Jehová y de Jesús? ¿Comparte mis creencias y valores bíblicos? ¿Será una influencia positiva y me ayudará a mantenerme fiel a Jehová y buscar primero el Reino?”. Si respondemos afirmativamente a estas cuestiones, podemos tener la confianza de que tal persona será un buen compañero para nuestros momentos de ocio (Sal. 119:63; 2 Cor. 6:14; 2 Tim. 2:22). w11 15/10 1:14, 15